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Nos dejamos naturalmente,
con la impaciencia de la lluvia,
crecimos en aguaceros rapaces,
bebiendo absolutamente todo en un día,
caímos a borbotones por la espalda,
mil emociones en un minuto,
in crescendo en la madrugada,
si la luz del día se apaga esperando a las ganas,
cae un chaparrón, tu falda,
llora un recuerdo, tu pulso,
confundido el deseo, con el ocaso sin luna,
tenue llovizna en el barro,
la oscuridad de luna nueva que en palabras se marcha,
no habrá furia ni resabios,
de vez en cuando una lluvia.
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Capítulo de el otro café de tomas
